La Leyenda de Orofos
La leyenda de Orofos
Escrito por: Ritchmore Regum
Fecha original: 14/11/2019
Transcripción (re-escritura: a mano-digital):
28/09/2026
Se
dice, desde hace años en donde los tiempos de la urbanización aún no emergieran,
sobre la existencia de un extraordinario joven, cuyo nombre era Orofos, quien era
conocido dentro de su aldea por tener la habilidad de hacer crecer todo tipo de
plantas: helechos, arbustos, arboles, flores, hiedras venenosas, etc.
Orofos era un individuo con una presencia de fotosíntesis
mayor por sobre cualquier ser humano, por ende; muchos aldeanos le solicitaban
encargos para que les genere planas con fines médicos, ornamentales, gastronómicos
y entre otros. Sin embargo, él no podía hacer crecer hongos, ni siquiera el
joven pudo entender el por qué no podía crecer un hongo con el solo uso de su
propia voluntad. Por más intentos que Orofos realizaba, con una desesperación
notable en su rostro, no lograba el generar un simple y sencillo hongo
diminuto.
¿Por qué el joven de cabello verde y de
vestimenta rudimentaria quería hacer crecer un hongo? Aun que sus habilidades
eran excepcionales en relación con las plantas, el ocupaba urgentemente el
crear una especie no común de hongos para poder realizar una pócima y salvar a
su madre.
Orofos no quiere fallarle a la única mujer, quien
realmente estaba a su lado en sus momentos más difíciles, ella fue quien lo
protegió de todo aquel habitante quien quería tratar al muchacho como un simple
objeto y no como una persona de valor, tal y como ella lo vio en su pequeño hechicero
de las plantas.
El muchacho, sumido en su desesperación, se sentía
un enorme fracaso “¿Cómo era posible que pude ayudar a todos los de mi pueblo,
pero no puedo ayudar a mi pobre madre de esa maldición Saxa Incrustands?”
Enfatizó con desdén el nombre de esa maldición,
no sabe en que momento ella sufrió de la maldición, pero tenia sus sospechas en
ciertos “clientes foráneos malagradecidos”, pero no tenia que perder el tiempo
en buscar culpables, la joven sabía exactamente que esa maldición creaba placas
de roca sobre la piel humana y si no creaba una pócima para su cura, su madre quedaría
como un golem de roca inerte y sin vida permanentemente.
Intento tras intento, se encontraba practicando
en un pequeño lago húmedo de fauna silvestre y exótica, no podía emerger un
simple hongo cremus para crear esa pócima para verter sobre la piel rocosa pero
insufriblemente picosa que hacia agonizar a su madre.
En un instante, el joven froto sobre sus ojos
ante la incredulidad de ver algo insólito que salió fuera del lago, al caerse
de espaldas ante la sorpresa, temerosamente intentó en usar sus brazos para
desplazarse ante la figura fungí; con sus ojos y boca tallados en el tallo,
cabeza curveada de colores marrones claros y extremidades cortas hechas de
hifas. Orofos creyó que esa criatura hongo le iba a lastimar, pero se percató
de su verdadera intención cuando lo escucho hablar.
“Si sigues dejando que tu desesperación y temor guíen
las palmas de tus manos, no conseguirás nada, niño ansioso. Con paciencia, conseguirás
lo que quieras. No me crees, tu como crees que pude aguantar la respiración por
más de una hora. HeiHei”
La figura solo se alejó del lago mientras rio de
forma peculiar, dejando a un adolescente de cabellos hoja reflexionando sobre
la posible mentalidad que debía optar si quiera crear algo diferente de lo que
ya estaba acostumbrado a generar sin inconveniente alguno.
Dudas sobre por que el hongo parlante, le daría ese
consejo si no se conocen, no aparecieron dentro de su mente. Ahora mismo
intento aplicar la paciencia en lugar del temor y concentro toda su fotosíntesis
para crear un hongo cremus, solo ocupaba uno para crear la pócima y así rescatar
a su madre de su piel invadida por las costas rocosas que envolvían alrededor
de su cuerpo. Cerró sus ojos, hico sus rodillas sobre el terroso suelo reunió
la suficiente concentración para visualizar lo que quería lograr, no con
angustia, si no con paciencia.
En un instante, al abrir sus ojos, llenaron de
sollozos triunfantes al percibir dentro de su campo de visión, un precioso
hongo blanco como la nube desde su cabeza hasta el tallo plantado firmemente en
el árido suelo.
Sabía perfectamente que los hongos cremus tienen
propiedades curativas contra cualquier maldición que afectaba la piel de las
víctimas y la Saxa Incrustands no era la excepción.
En un movimiento veloz, saco una botella de
vidrio desde su bolsillo, y sacó el hongo desde la raíz para exprimirlo con su
mano, verter la masa viscosa blanca dentro de la botella y, finalmente, diluir
la sustancia con agua cristalina del lago para crear con éxito la pócima que
cure a su madre de cualquier dolor maldito y viva más años a su lado.
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Esta leyenda es comúnmente contada entre los habitantes de las aldeas Staccato y Corde, es una de cientos que se cuentan para moralizar o incitar a la lectura a los niños.
Evidencia fotográfica:
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