Síndrome de Estocolmo
Síndrome
de Estocolmo
Por: (Ritchmore
Regum)
Fecha:
14/05/2026
I
Hay una
cosa curiosa acerca del Síndrome de Estocolmo: No solamente la victima puede
desarrollar un vínculo afectivo con su secuestrador si no que, también, puede
ser en viceversa.
Juan
Camacho Garza, más conocido en los bares como el Don Juan; era un joven de 22
años, su estatura era de 1.80 metros, barbilla pronunciada, ojos de pupilas
negras punzantes, cabello corto negro y barba sombreada.
Se decía
que Don Juan no fue un buen estudiante de la preparatoria, se la pasó
interrumpiendo a los maestros con comentarios desubicados al tema a enseñar y
por consecuente era humillado por estos mismos mediante el uso de razonamiento
básico, evitando caer en un nivel bajo que Don Juan. Con las maestras era
distinto debido a que siempre solía coquetearlas sin importar la edad y hasta
les obsequiaba dulces como un intento desesperado por pasar las materias.
De más
está decir que la única razón de por qué se graduó fue porque la directora
sintió mucha lástima que lo exentó para no tener que soportar más sus intentos
fallidos de seducción.
Eran tan
embarazosos que le prohibió la entrada a Don Juan a su oficina, evitando así
que difamara algunos de sus compañeros, los cuales tenían condiciones
especiales, de su salón de clase que ellos lo molestaban cuando en realidad era
Don Juan quien les jodia la vida; a un autista le apodaba Shrek, otro con
hiperactividad le prendió su encendedor marca BIC para recorrerle el brazo y,
el más insultante de todos, le quito la novia de un parapléjico en silla de
ruedas mediante el chantaje.
Una vez
que Don Juan fue libre de las responsabilidades escolares, iba a bares y hasta
antros para poner en marcha su lucrativo plan:
Primero,
con su vista punzante detectaba si había chicas jóvenes en el lugar, si eran
menores es mejor. Después, se acercaba a ellas para coquetearlas con piropos
corrientes como “Quisiera ser aguacate para embarrarme en tus tortas”,
sorprendentemente muchas de sus víctimas cayeron rendidas ante sus encantos y
nunca hubo una quien le arrojara su bebida sobre su “drogada” cara y marcharse
del local. Finalmente, ya con las jóvenes hechizadas, las llevó en su confiable
camioneta negro 4x4 para llevarlas a su casona para tener una noche divertida.
En
realidad, Don Juan solamente las llevaba a la granja abandonada de su tío
ubicado cercas de la Zona del Silencio, un lugar desértico y seco donde no hay
ningún rastro de vida humana o salvaje, para mantenerlas atrapadas dentro de
las rusticas y oxidadas jaulas gallineros y, posteriormente, llamar al número
de sus casas para amenazar a quien conteste y exigir una enorme suma de dinero
o de lo contrario las mataba.
Don Juan
solía exigir $50,000 pesos cada llamada, pedía transferencias en cuenta
bancaria, una vez que recibía el dinero iba por su respectiva víctima y es aquí
donde entra el retorcido truco. A pesar de las condiciones casi en ruinas de la
granja, Don Juan nunca las maltrato, es más, lograba convencerlas de que todo
esto era parte de un juego sexual mientras las alimentaba con arroz crudo.
A este
punto uno se pregunta, que tan desesperado debe de estar una chica joven para
permitirse caer tan bajo ante escorias masculinas como Don Juan, era un
misterio que no valía la pena indagar. Una vez que Don Juan obtiene el dinero
solicitado, saca a una chica relacionada con los familiares de la llamada y
transferencia fuera del gallinero, caminan hasta la entrada de la Zona de
Silencio en donde quita su fachada de encantador de damas excéntrico para una
pequeña botella de gasolina blanca para verterla sobre la joven y acto seguido
prendía su confiable encendedor BIC para quemarla.
Don Juan
solamente se apartaba atrás como si hubiera prendido una cebollita mientras que
su risa de tono agudo resonaba en las ya calcinadas orejas de la mujerzuela
mientras que sus extremidades realizaban movimientos erráticos y espásticos,
intentando en vano apagar el fuego hasta que poco a poco caen rendidas al suelo
mientras que se resignaban tiesamente a que las llamas consuman alrededor de
todo su cuerpo hasta ser reducidas a un cuerpo esquelético casi hecho cenizas.
Realizó
con éxito su plan en incontables veces a tal punto que su pequeño grupo de
amigos narcotraficantes le apodaban “El Señor Estocolmo” porque hasta para un
grupo de criminales déspotas, inhumanos, descerebrados y violentos notaban la
extraña inverosimilitud en el que un chamaco pendejo con un encanto al estilo
de señor cuarentón borracho lograba enamorar a sus víctimas a tal punto de que él
les puede realizar el acto más vulgar que se le puede pasar su mente y ellas no
opondrían resistencia alguna.
Es como si
Don Juan tuviera una especie de encanto a niveles sobrenaturales y teorizaban
de que sus ojos pinchados se debieron a un pacto con el mismísimo diablo del
monte. Aun que era la mejor teoría que tenían, ni ellos mismos se la creen por
que Don Juan era alguien desesperadamente charlatán y boca suelta que ni el
mismo diablo lo soportaría.
Una vez
cuando lo invitaron a hacer negocios “farmacéuticos” con los gringos, Don Juan
le dijo “si tan panzón estas, pásame a tu Fiona para quitarle yo la maldición
Shrek” al mero patrón gringo, provocando unos violentos y ruidosos balazos
entre los narcos y los gringos y es por eso que nada mas lo invitan a pistear,
pero jamás lo incluyen a sus planes, ya tiene más suerte estando vivo.
II
Don Garza
entro una vez más a la abandonada granja de su tío. Su plan “económico” le iba
tan bien que ya tenía resuelta toda la vida cumpliendo sus dos necesidades
básicas: Dinero y putas. Todo lo demás era de menor importancia que reconocer
que tiene madre.
Una joven
con la piel más pálida que la perla y con su cabello largo negro alborotado de
capas y capas que lucia amorfo se encontró sentada con sus rodillas flexionadas
y cando su mirada dorada penetrante vio a Don Garza, saludó y entabló
conversación con su captor:
-Buenos
Buenos Días Días señor Don Juan, la crema que rejuvenece mis tetas. Como se
encuentra usted en esta bellísima tarde que refleja sus bellos ojos carmesí.
-Bien bien, como siempre normal señorita Nully. Le agradezco por darme la
oportunidad de saborear su vaginita, su soma me supo a la leche de una deidad.
–Don Juan respondió con placer--
-Usted se sorprendería si supiera quien realmente soy señor Don Juean … Dígame,
conoce la historia de Gilgamesh. ---Nully respondió con una curiosidad
tiernamente ingenua---
-No te la sabanas mi reina, no me enseñaron esa jalada en la prepa. ¿Es algún
capo del narcotráfico, le dedicaron corridos?
-Más bien es un relato épico mesopotámico sobre un gran guerrero que combatió
contra Bull of Heaven, aspiro ser como el algún día ¿Me creé ser capaz?
-Pues podemos practicar con mi enorme toro angelical ahí afuera cercas de la
zona del silencio mi chula.
-Mejor tenga cuidado mi Don Juan, dentro de poco usted se volverá la presa.
-Aja si claro. Primero tengo que ver si tu patroncito ya me pago lo que me debe
y después me dices tus mamadas ¿Sale?
Don Juan
sacó de su descuidado y semi-roto bolsillo trasero de su arremedando pantalón
negro un teléfono ladrillo gris Nokia™ para llamar al padre de Nully para
exigirle la transferencia bancaria … pita el teléfono … vuelve a pitar el
teléfono … solo escuchaba una interferencia de ruido blanco que se le hacia
familiar cuando su televisor analógico se ponía de roñoso cuando las chivas
jugaban y después se finalizó la llamada.
Don Garza
enfoco su atención en Nully, la niña rara que leía relatos épicos, pero solo
noto el gallinero vacío, como si la tierra se la hubiera tragado. Se decepcionó
al ver que no podría calcinarla a su gusto cuando llegaran a la Zona del Silencio,
pero al recibir un mensaje de su teléfono de que ya se completo la
transferencia bancaria, se volvió a poner en un buen estado de euforia y ya
saliendo del granero para montar en su ahora camioneta trokona roja del año
para ir a pistear y culear con putas.
III
Lo curioso
del caso de Don Camacho es que su inevitable caída no fue por meterse con los narcotraficantes;
los policías, los militares o los del SAT. Su inevitable caída fue mucho más extraña
de lo que él pudo anticipar.
Era otra
noche normal en el antro habitual de Durango. En esta ocasión estaba lleno a
reventar de gente, Don Camacho se encontraba realizando pasos de baile con un
estilo vaquero sobre actuado mientras ojeaba a sus posibles victimas hasta que
dio con una que enamoró su mirada.
Era una
joven alta de dos metros de altura, sus pechos eran como melones y su cabello
era gris greñudo cubriendo sus ojos. Inmediatamente hizo el paso de ser jalado
por una cuerda para acercarse con ella y empezó a usar sus dedos para picotear
como pájaro carpintero sobre sus piernas. “Quien tenemos aquí, si no es más que
los sacos de leche más enormes que he visto, cualquiera quien se interese por
ti debe de ser muy afortunado. Por supuesto, yo soy ese afortunado.”
No
consiguió respuesta de la misteriosa joven, lo que si le impresionó a Don Juan
en esa noche fue sobre la respuesta física de la joven al azotar su brazo fuera
de las manos de Don Juan sobre sus pechos como si estuviera ahuyentado una
mosca. <<Quien se ha creído esta pendeja, como se atreve en rechazar al
gran Don Juan>> pensó con rabia Don Camacho quien se creía la ultima
Coca-Cola en el desierto para las chicas menores vulnerables.
Sin emitir
una palabra, la asertiva joven se retiró del local ¿Acaso ella fue sola al
antro, la invitaron, sus padres la llevaron aquí? Esas preguntas NO pasaron por
la mente de Don Camacho, él solo le interesaba una cosa mientras la seguía, ir
por el premio gordo, no por el jugoso dinero que conseguirá si no por ser la
primera en ponerle un intenso desafío.
Al mismo
tiempo que la joven estaba caminando sobre las vacías noches de Mapimi. Don
Juan la estaba siguiendo en su nada disimulado trokona roja, en cualquier
momento la joven pudo haber volteado o escuchado los ruidos del motor, pero
parece que ella no le da importancia alguna o puede que sea sorda o ciega.
En el
momento en el que la joven se detuvo. Don Juan aprovechó la oportunidad para
sacar una jeringa de anestesia proporcionada por sus amigos los
narcotraficantes para bajarse de su trokona “la consentida” y corriendo como un
alma endemoniada encaja la jeringa directamente al cuello de la joven para
dormirla.
Otra
victoria más para su enrome lista de “éxitos” para Don Juan mientras cargo la
enorme muchacha para sentarla en el asiento del copiloto para, luego, conducir
varios kilómetros con su enorme trokona directamente a la granja abandonada de
su tio cercas de la Zona del Silencio.
Una vez
que la joven despertó. Ve a un desesperado Don Juan, sin su fachada de
encanta-nenas para exigirle furiosamente directo al grano con su voz aguda pero
forzosamente intimidante:
-Al fin la
pendeja durmiente despertó. ¿No te das cuenta de que es de día? –Don Juan era
tan ignorante que le hechó la culpa por quedarse dormida toda la noche que el
efecto potente de esa “anestesia”—
La enorme
muchacha no parecía emitir una sola respuesta en su boca. Sin embargo, parece
que su cuerpo andaba temblando, una cosa es segura, no era por miedo.
-¡¿Qué te
pasa pendeja? ¡Mi voz no es lo suficientemente baja para tus putos oídos
sensibles, lo que me faltaba, otro puto autista retardado! ¡Creí que me libré
de ellos en la prepa!
-…
-¡Ahora escúchame bien enorme puta, quiero que me des el numero de tu
patroncito para que me haga la transferencia!
-…
-¡Acaso estas putamente sorda o que pendeja, no estoy jugando, quiero que me
pases el número telefónico de tu puto patrón para que me transfiera lana y
dándole la promesa de que te voy a devolver pero en realidad te voy a quemar
cercas de la Zona del Silencio, donde ni un pendejo padre de familia se
atreverá a buscar las cenizas de sus putitas perras, hazlo fácil y quizás te
deje chuparme el pene!
Los gritos
altaneros e impacientes de Don Juan se esfumaron cuando notó que la joven
empezó a temblar como terremoto de septiembre y se percató de que su dentadura
terminó por afilarse en enormes y filosos colmillos, sus manos y pies se
transmutaron en enormes garras puntiagudas y finas como jeringas, de su
cabellera grisácea greñuda emergieron unas enormes y peludas orejas puntiagudas
con pelo blanco en sus interiores. Por último, de sus nalgas emergió ferozmente
una enorme cola gris esponjada, el cual hizo que gimiera … no, aullara de dolor
como si esta parte de su “proceso” es la que más le duele mientras que su
musculatura se tonifica y un pelaje gris cubre todo su cuerpo.
Es en ese
momento donde Don Juan cometió un enorme error. Sin saberlo, había secuestrado
una mujer lobo gris, de esas que se transforman en el día en lugar de noche.
Desconoce la causa, motivo, razón o circunstancia de por qué una mujer loba
estaba en el antro por la noche, pero una cosa es segura. Justo cuando los ojos
amarillos de la mujer lobo penetraron el alma de Don Juan, no de hambre si no
de un deseo intimo al guiñarle un ojo …
-¡VIRGENCITA
SANTA AYÚDAME!
Gritó Don
Juan con todo pulmón, su voz alcanzando una octava más aguda mientras que abrió
la puerta de la granja para huir con su trakona roja de último modelo.
<<Carajo, no ahora mi consentida>> pensó con frustración al notar
de que descuido la gasolina de su todopoderosa Consentida, pudo rellenar la
fuente en vez de gastar su dinero en alcohol, drogas y putas, pero vela aquí,
con la aguja indicando la E, de Empty como su suerte.
Don Juan
no podía titubear, salió de su vehículo para correr lo más lejos posible sin
importar si atravesara la Zona del Silencio o no, solo quería huir de la
musculosa humanoide loba quien destrozó el gallinero como si fuera mache y
rompió la pared del granjero como si el edificio fuera construido de la madera
más frágil en lugar de ladrillos.
A pesar de
que Don Juan no tenia un pésimo rendimiento en el atletismo. Era bien sabido
que los lobos eran más rápidos que los humanos, la mujer lobo gris no fue la
excepción, en una embestida consiguió enclavijar a Don Juan al suelo, su garra
derecha sostenía con firmeza el hombro de Don Juan mientras que el ahora pobre
hombre intentó voltearse de enfrente para apartarla fuera de su cuerpo solo
usando su mano derecha sobre su mandíbula.
Ese acto
solo consiguió excitar a la mujer loba, internamente disfrutando de los
lloriqueos de Don Juan al mismo tiempo que con su garra izquierda le rasga toda
su camisa roja de vaquero y su pantalón de mezclilla negro desgastado dejándolo
como si hubiera llegado al mundo, esa misma garra lo colocó sobre su hombro
izquierdo.
Sin
delicadeza la mujer loba empezó a montar sobre el pene de Don Juan salvajemente
y a una velocidad mucho mayor que el movimiento de helicóptero de su cola, su
gruesa lengua recorría por todo el cráneo de Don Juan como si fuera una paleta
de tamarindo caramelizada, ahogando sus gritos de auxilio mientras que
lentamente se volvían en gemidos. La mujer loba continúo apareándose con Don
Juan por medio día.
Nadie sabe
como es la Zona del Silencio. Algunas leyendas dicen que todo animal de Durango
que esta apunto de morir viene a entrar a esta zona con el fin de perecer,
otros testigos aseguran que una vez dentro todo aparato electrónico presenta
fallas y las brújulas empiezan a apuntar a direcciones erráticas. Nadie sabe cómo
se originó la Zona del Silencio, si es una anomalía espacio-temporal, es
producto por experimentos nucleares o si es una zona marcada por los aliens.
Pero una
cosa es segura, lo que una vez fue el plan perfecto de Don Juan para evitar que
padres o madres de familia salieran a buscar a sus hijitas ahora se convirtió
en su eterna prisión, la mujer loba ahora es su captora y el terminó cayendo
rendido y sumiso ante su salvaje amor como si fuera una cría dependiendo de su
mamá loba. En la Zona del Silencio jamás salió la noche.
Hay una
cosa curiosa acerca del Síndrome de Estocolmo: No solamente la victima puede
desarrollar un vínculo afectivo con su secuestrador si no que, también, puede
ser en viceversa.
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