El Comellaves

 

El Comellaves

Escrito por: Ritchmore Regum

Fecha: 16/05/2026

La historia de “El Comellaves” fue escrita por su servidor con base en el regalo de la amiga de mi madre el cual es esta cosita adorable hecha a mano con la función de guardar las llaves dentro de su estomaguito. El diseño se me hizo tan lindo que quise escribir una historia enfocado para todas las edades. Espero sea su agrado.

—¡Escuincles mugrosos, otra vez se robaron las nuevas llaves de mi casa!

Grita una gnoma malhumorada mientras perseguía a unos pobres niños quienes corren lo más rápido posible a sus respectivas casas en la azulada cálida noche. Por más fuerte que la malhumorada doña toque la puerta de varias casas, solo conseguía despertar a los cansados gnomos del vecindario al mismo tiempo que hacían un enorme ¡SHHHHHH! Para apaciguar la rabia de la doña malhumorada de la aldea. Ella solo se regresó a su hogar con mucho refunfuño. 

A la mañana siguiente y dentro del suelo de la pradera más despejada y con el césped más claro, se ve uno de los pueblos más diminutos que puede existir. “Pera amorosa” es el nombre del mencionado pueblo.

En “Pera amorosa” puedes encontrar los gnomos más armoniosos y tranquilos que puede presumir dicho pueblo. El diseño de las casas y establecimientos parecen recordar a las peras marrón, dentro de esas casas viven familias felices de gnomos y en los establecimientos trabajan los gnomos mas serviciales y considerados de toda la pradera.

Los niños gnomos, con sus pequeños gorros puntiagudos y camisas de tela de diversos colores, juegan a la pelota mientras que el sonido de sus risas suena como si fuera una agradable melodía a los oídos de sus padres adultos gnomos.

Todos los gnomos del pueblo viven felices de la vida; saboreando deliciosos panes, platicando sobre el crecimiento de sus cosechas, jugando divertidas sesiones de juegos de mesa y entre más diversas tranquilas pero reconfortantes actividades que alegran a todos los gnomos del pueblo …. Menos a una:

—¡Todos ustedes tienen la culpa de mi mal humor! —gritó la única amargada del pueblo.

La gnoma Daui, con su gorro cubriendo sus ojos y su vestido de tela desgastado, entra al pueblo con sus dientes rechinando de coraje, mientras empuja con fuerza a cualquier gnomo niño o adulto que se le interponía en su camino. Nadie sabe que es lo que hace fuera del pueblo o por que de un día para otro su buen humor se esfumó para ser reemplazado por la forma de ser más hediondo que ni el lodo.

Por más que los adultos gnomos, con una enorme sabiduría como su gorro puntiagudo, intentaran razonar con ella para entender mejor la amargura de Daui y saber el porqué de su malestar, pero la única respuesta que recibían de parte de ella era:  

—¡Ustedes no lo entenderían, es culpa suya y de sus ridículos gorros, no tengo nada malo en mí, soy una sobreviviente y ustedes jamás lo entenderán! —Daui exclamó con fuerza ante cualquier gnomo sabio que en verdad quería ayudar.

Sin embargo, lo sorprendente de este pueblo es la ausencia de rencor que todo el pueblo gnomo tenían hacia Daui. Ella podrá decirles a todos los insultos más demoledores o los golpes más bruscos que cualquier gnomo pueda recibir y de todas formas ellos no la resentirían más tampoco eso significa que aprueban su nefasto comportamiento, menos el como ella solo sabe el culparlos de todo lo malo que ella le pase o mirarlos de una forma congelante y juzgadora.

Ella podría tropezarse con una piedra en un enorme charco con el agua más inofensiva y de todas formas encontraría una forma rebuscada de culpar a cualquiera menos de su torpeza y crear un conflicto por donde no se le invita.

En el momento en el que Daui llega a su casa en forma de pera verde luego de ser forzada a saludar a cada gnomo entrometido cuyo enorme crimen es decirle “buenas tardes”. Debajo de la tenue luz de la luna voltea debajo de su peludo tapete verde y sumando a su creciente amargura su llave desapareció:

—¡Otra vez, otra vez! Malditos niños mocosos y sus estúpidas travesuras. Ya es la sexta llave de mi casa que pierdo.

Por fortuna de los pobres niños que imploraron inocencia a la Doña Daui. Ella saca una llave de repuesto debajo de su gorro para introducirla y girarla en la manija de la puerta para entrar a su casa, hasta una amante de la amargura como Daui prefirió en optar por una solución práctica que desgastarse en crear conflictos con sus vecinos los cuales no harán reaparecer sus llaves.

La doña gnoma, sentada en su viejo sillón café. No pudo hacer otra cosa más que observar el otro viejo sillón café que tiene a su lado. La ausencia de su belicoso esposo le trae calma, pero al mismo tiempo una sensación de vacío, ella lo amaba, pero dicho cariño no era recíproco dentro de su casa como si lo era cuando los dos estaban afuera saludando y conversando con los alegres pueblerinos de la aldea.

Su reflexión soñadora sobre su esposo fue interrumpida ante el estruendoso sonido que sonó en su abandonada cocina. Daui, temiendo lo peor, se levanta del sillón a toda prisa para agarrar su escoba de paja para ahuyentar al indeseado intruso que irrumpió dentro de su cocina.

Justo cuando ingresó a la cocina, la tenue luz de la luna ilumina la desordenada habitación con cacerolas, ollas y sartenes al suelo. Cuando ella lentamente examina una de las ollas, nota un peculiar ser el cual jamás ha visto ni dentro ni fuera del pueblo.

El ser luce como una gragea de piel azulada babosa como si pertenecía al grupo de los anfibios pero tiene el tamaño de un sabueso desde la vista de un gnomo, tiene cuatro amarillosas extremidades redondeadas y sin dedos, su boca abarcaba gran parte de su rostro con labios limón y lengua negra, tiene dos cetrinas antenas como de hormiga, en el centro de esas antenitas tenía una esfera ámbar y por último, sus grandes y redondeados ojos blancos con pupilas negras observaron directamente a la señora Daui mientras temblaba de miedo emitiendo un ruido de sollozo “ullllllllllllliaaaaaaaaa”.

La gnoma enojona pudo haber aplastado a la temblorosa criatura con el otro extremo de su escoba, pero … Ella no podía entender el por qué terminó soltando la escoba para agarrar y abrazar la criatura en su primer intento de abrazar a alguien luego de mucho tiempo. Quizás ella se vio reflejada en la pobre criatura o tampoco era alguien tan cruel para arrebatar la vida de un ser inocente.

Bueno, ella creyó que era inocente hasta que la criatura huele debajo de su gorro con sus dos orificios nasales para tirarle fuera de la cabeza, dejando expuesto su cabello plateado liso, y después tragarse su llave de repuesto con su enorme boca:

—¡Así que tú eras el condenado come llaves! —Daui respondió con una notable furia.

 

El comellaves corre en cuatro patas desde la cocina hasta la sala de estar mientras que Doña Daui lo andaba persiguiendo sin percatarse de los destrozos que andaba haciendo por todo el lugar. El animal no es una criatura malintencionada, se deja llevar por sus instintos y toma esta persecución como juego.

Con algo de astucia, ella se voltea al sentido contrario para atrapar al comellaves con sus propias manos para introducir todo su puño dentro de la boca del pequeño ser para sacar de un tirón las seis llaves de su casa que perdió junto con el que era repuesto.

—Mamallitaaaaaa—El comellaves respondió con tristeza al ver esas llaves fuera de su estómago—

El comellaves intentó aventarse tras las llaves para comerlas, pero Daui, como si fuera una madre regañona, lo seguía deteniendo con sus dos manos:

—¡No, eso no es comida, son mis llaves pedazo de animal y …!

El comellaves solamente pudo cubrir sus ojos con sus manitas mientras que sus antenitas se curvearon de la pena y sollozaba. Realmente era una criaturita indefensa el cual no podía entender el por que estaba siendo regañado ahora mismo.

Daui, sorpresivamente para ella, muestra compasión a la criatura y aclara su tono de voz para tratar de sonar maternal.

—Escúchame, comellaves. No quise asustarte, es solo que esas llaves que te tragaste eran las mías. Eso no es comida, debes de estar hambriento ¿No es asi?

El comellaves asiente mientras que se destapaba los ojos y sus antenitas arqueaban para arriba con un poco más de calma. Ella no sabía de qué especie era esta criatura, es más, dejo de cocinar por un largo tiempo por lo que no sabía si lo que iba a cocinar resultara delicioso para el comellaves.

En el momento que Daui regresa a la cocina para ponerse su gorro puntiagudo, trata de revisar si tenia algunos ingredientes para cocinar algo … <<¡Maldición>> pensó ella al percatarse que pasó un largo tiempo que no cocinaba que ni siquiera fue a los establecimientos para comprar ingredientes para cocinar, ahora no tiene idea de que prepararle a la cosita que se le apareció en su casa. 

—¡LLIAAAAAAAAAAM!

Era el sonido que hizo el comellaves al tragar una de las ollas que se encontraban aun en el suelo sin recoger. La gnoma se llenó de una mezcla de frustración y alivio; frustración por que esa olla era de su difunta abuela, pero alivio porque ahora la criaturita ya parecía satisfecha. Por lo visto el comellaves parece almacenar todo tipo de objetos metálicos dentro de su estómago, pero come cualquier objeto que no sea metalizado.

<<Detesto las visitas sin avisar. Pero jamás había visto una criaturita como esa.>> Penso Daui, resignándose en cuidar al comellaves pero otra parte dentro de ella misma, no le molestaba.

Desde esa noche, pasaron los días y fuera de todo pronóstico, el comellaves llegó para alegrar la vida de Daui. Atrás quedaron esas infames tardes en donde ella llegaba al pueblo para culparlos a todos de su miseria y hacer un intento en amargarlos en el proceso.

Con la criatura presente Daui saludaba con un entusiasmo fingido pero lo suficiente genuino para no poner triste a la criaturita. Por supuesto, el comellaves se volvió toda una sensación en el pueblo, muchos niños jugaban a las traes o a la pelota con el vivaracho animal y el con una feliz energía entretenía a los niños con sus increíbles saltos y se dejaba acariciar tanto por niños como adultos, en verdad si era una criatura afectuosa.

Los adultos vieron una gran utilidad para el comellaves y a cambio de unos jugosos objetos desgastados que ya no ocupaban, el comellaves gustosamente tragaba las llaves de repuesto de los padres de familia, adultos granjeros y dueños de los establecimientos para almacenarlas dentro de su barriga para cuando se prestara el desafortunado momento de la perdida de las llaves, el estaría ahí para que pudieran sacar su llave de repuesto dentro de su boca con confianza.

Todo el pueblo de la Pera Amorosa, si de por si ya era un pueblo alegre, con la llegada del comellaves llevo dicha alegría hasta un punto más inalcanzable que las estrellas … o bueno, así lo fue hasta que llego esa noche.

La criatura andaba curioseando alrededor de toda la sala de estar de la casa de su amiga Daui con su energía vivaz comparable a los niños del pueblo. La doña ya se acostumbró a sonreír en su presencia, si bien antes le tenia que indicar que tenga cuidado con muchas cosas de su casa, lo que más le sorprendió a ella es ver que la criatura le entendía mucho mejor cuando ella se las indicaba con un toque genuino de maternidad en lugar del estruendoso enojo que le solía impregnar en su voz antes.

La señora creé que su amargura se había apaciguado hasta que el comellaves, desde el bote de cerámica, saco una foto. En la foto estaba ella junto con otro gnomo de piel morena, gafas negras de vidrios cristalinos y un gorro puntiagudo negro. No cabía duda, ese era su esposo y mediante ruidos inocentes él diminuto ser le indicaba querer saber más de ese hombre. Daui no se lo tomo bien.

—No lo entenderías comellaves— Daui replico como si estuviera advirtiendo al comellaves.
—¿Mamallita?— El comellaves pregunto a su forma del por qué no.
—No escuchaste bien ¡Dije, que no lo entenderías!

El comellaves con sus ruiditos continúo insistiendo que no se cierre y que hable sobre quien era ese señor, lo que termino por llevar al punto de quiebre de Daui.

—¡Te he dicho que no, no me escuchaste criatura estúpida! ¡Ese hombre ya no tiene una maldita importancia para mí, yo en verdad lo amaba, pero solamente me menospreciaba como si fuera una estúpida e irritante criatura como tu lo eres! —A este punto Daui no miro al comellaves como su amigo si no como su difunto esposo— ¡Lárgate de mi casa de una vez y nunca vuelvas a ponerme un solo puño en mi cara nunca más, rata inmunda!
-¡Ullaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! —respondio el comellaves entre lágrimas.
-Yo … discúlpame comellaves yo no … —Daui intentó enmendar el daño, pero era tarde.

El comellaves salió por la entrada especial de la puerta de su casa, el cual los habitantes modificaron con mucho gusto, entre sollozos y lágrimas. Daui corrió fuera de su casa para intentar perseguirlo, pero ya no consiguió ver nada ni a nadie ni al comellaves, solo el pueblo vació porque todos andaban dormidos …

La mañana llegó y después de que Daui explica su situación a todo el pueblo, incluido en hacer un enorme esfuerzo para contarles sobre lo que su esposo le hizo mientras no estaban a fuera. Los adultos del pueblo por fin entendieron el por que la forma de ser de Daui y aceptaron ayudarla para buscar al comellaves y ver si se había escondido en algún rincón del pueblo … buscaron … y buscaron ….

Nada. No hubo rastro visible del comellaves, en verdad es como si se hubiera esfumado por completo. Al reportar el fracaso de la búsqueda, muchos niños se entristecieron por que ahora los juegos y el tiempo de recreo escolar no iba a ser lo mismo sin el especial comellaves. Los adultos se frustraron al percatarse de que ya no tenían a nadie quien cuidaba las llaves de repuesto y ahora tenían que ser muy cuidadosos con sus llaves principales.

Daui, por primera vez en muchos años, sintió una enorme culpa que no pudo echar la culpa a los demás habitantes del pueblo. ¿De que iba a culparles? Por estar tristes a causa de ella. Sin saber qué hacer o decir, decidió exiliarse ella misma fuera del pueblo y nunca volver por que ella fue quien mató la parte amorosa de Pera amorosa.

Daui, completamente sola y sentada cercas del estanque, se contemplaba sumergirse por completo en el charco porque según ella: Le estaría haciendo un gran favor a su pueblo por haberlos amargado por tantos años.

Sin embargo, un gnomo viejo sabio; de gabardina gris, barba gris alargado y gorro cónico grisáceo alargado, se sentó junto con ella, haciendo otro intento para entablar una conversación:

—En verdad te sientes culpable por lo que le hiciste al comellaves ¿Cierto? —Pregunto el gnomo sabio.
—No se por que le dije esas cosas hirientes a mi pobre amiguito. Si tan solo no hubiera sacado esa condenada foto. —Replico Daui.
—Claro, ya se me extrañaba que no te la pasaras culpando a alguien de tus propias falencias mientras el comellaves estaba aún presente.
—¿Cómo dice? No pretendía culparlo, me disculpe con él y, aun así, me abandono, no quería que me abandonara.
—Daui, las palabras pueden dañar más a nuestros seres queridos que a los enemigos. El daño que hacen. si se deja llevar por el rencor, es tan demoledor que ni con una disculpa se puede enmendar el cráter. Nosotros como sabios nos ha tocado aprender por el camino difícil.  

Daui se sintió culpable al escuchar esas palabras, ni siquiera se atrevió a callar al viejo o abandonarlo a su suerte a pesar de lo estrujado que su corazón se siente. El viejo sabio continuo:

—Tu dices que tenemos la culpa de tu miseria, pero te rehúsas a contemplar tu reflejo interno. Tú dices que no te entendemos, pero no nos quieres contar lo que te ocurre. Nadie es más culpable de lo que te pasa que tú, si entendemos que tu esposo Fergus no era tan buen hombre como creíamos, pero tu escogiste el querer amargar a todos como si fuera nuestro problema y en el proceso … te amargaste tu.

Daui derramó unas lágrimas por lo certero que fueron esas palabras. Sin embargo, el viejo sabio continuo:

—Quizás… ya sea momento en el que dejes atrás tu dolor y en vez de enfocar en hallar culpables, mejor enfócate en brindar soluciones, niña. Crees que nuestro pueblo es perfecto, para nada y te lo aseguro en mi un siglo de vida. Antes solíamos tener nuestras riñas matutinas e igual que tú solíamos venerar a la amargura como la mejor opción hasta que nos empezaba a doler nuestros cuerpos como no tenías idea. Es ahí cuando nos percatamos de que la amargura solamente nos enfermaba y es por eso que decidimos en optar por buscar soluciones a nuestros problemas y si no las hay … pasamos página y ya está, no damos bienvenida a la amargura nunca más y, en su lugar, damos entrada a una gran mañana. Se que no es fácil, pero vale la pena intentarlo Daui. Créeme, mis muchachos los sabios y yo te lo podemos afirmar por experiencia.   

Daui jamás se había planteado así. El solo hecho de saber que los habitantes de su pueblo tienen problemas y aun así optan por la solución en ves de la destrucción. Ella solamente abraza al viejo sabio por sus genuinas palabras, en verdad ella si le hubiera gustado escucharlas desde antes.

—Ya ya, tranquila mi niña. Mejor volvamos al pueblo, te aseguro que un gran mañana vendrá, pero también debes de poner de tu parte.

Y así fue, los días pasaron y Daui opta por estar presente en su pueblo todo el día mientras que dejaba los fines de semana para salir a pasear. De sus paseos trae frutos exóticos, plantas con aromas agradables y demás regalos del exterior para que los niños y adultos puedan ser felices incondicionalmente. Daui se presentó como voluntaria médica para su pueblo, logro adaptarse a su nuevo puesto con enorme destreza que parecía que ella misma sacaba las enfermedades de los habitantes fuera de sus cuerpecitos como si fuera magia.

Por primera vez en muchos años, el mundo de Daui pudo cambiar para bien y solamente tuvo que cambiar la percepción que ella tenía sobre su querido pueblo. Ahora ella ya no culpaba, otorga soluciones; ya no subestimaba, ella enseña; ya no juzgaba, ella aprecia con todo y detalles.

Luego de una gran jornada de su trabajo médico. La doctora Daui, con su bata blanca y su gorro puntiagudo con una cruz roja en el centro, llega a su vieja casa pera y voltea debajo del tapete, pero su llave ya no estaba ahí. Ella en vez de fruncir las cejas del enojo por su llave, simplemente sonrió con una pizca de alegría. Su gran amigo el comellaves volvió.

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