La Niña y su Muñeca

 

La Niña y su Muñeca

Escrito por: Ritchmore Regum

Fecha: 29/08/2019

Transcripción ((re-escritura: a mano-digital)): 17/07/2026

            En una casa victoriana lujosa de dos pisos y de ladrillos oscuros, vivían un par de viejos millonarios junto con su ostentosa familia. En ese hogar habitaron los hijos de los millonarios y los hijos de sus hijos hasta la generación actual, donde dieron a luz una niña con una imaginación activa llamada Elly, siempre ignorada por sus padres a tal punto que comía de las sobras que dejaban. A excepción de su tía, quien en su cumpleaños fue la única que se acordó de que ella existía.

 

En ese mismo día le regaló una muñeca de trapo cuya piel era más semejante a una humana; su cabello era negro redondeado y llevó un hermoso vestido azulado de tela. Gracias a ese regalo, Elly no necesitó la atención de su familia nunca más; la única que merecía recibir toda su atención era su muñeca.

 

Pasaron meses y la obsesión de Elly por su preciada muñeca no hacía más que aumentar y fortalecerse. Su tía fue ignorando a su sobrina conforme pasaron los días. La razón por la que ella se rindió en intentar interactuar con su sobrina es porque se sintió desplazada gracias a esa muñeca, la misma que otorgó a su sobrina como muestra de su cariño; ahora se transformó en un símbolo de disrupción a los placenteros juegos de “fiestas de té” que ella tuvo con su sobrina para conocerse mejor. La numerosa familia no ha vuelto a saber nada de “la tía de Elly” después de marcharse en plena luz de la noche y ser recogida por el carruaje de un misterioso forastero, quien no hizo otra cosa más que conversar con pasión sobre el tema de “Gilgamesh y Bull of Heaven”. Sin embargo, la mínima preocupación de la familia hacia la señora se esfumó como el humo de la vela en el viento.

 

En una funesta tarde, la niña dejó su muñeca sentada en su silla de juguete, pero cerca de su hermano pequeño Leo, un niño travieso que no dudó en arrancar el brazo de la muñeca en una sola mordida y tragó el miembro arrancado como si él fuera un enorme sabueso. Después, Elly regresó con unas tazas de porcelana y las dejó estrellarse duro contra el suelo y gritó con una palpitante angustia al ver a su muñeca sin su brazo derecho. La desesperada niña intentó acudir con cada adulto habitante en toda la enorme casa; acudió a sus abuelos, padres, tías restantes y primos altos, pero ninguno le hizo caso como para tejer el miembro desmembrado vuelta a su muñeca o comprarle otra. La angustia de Elly cambió abruptamente a una furia asesina al ver que su hermano, de una forma burlona, abrió su boca mostrando restos de hilos de trapo desmenuzados alrededor de sus papilas gustativas mientras movía su lengua al ritmo de un metrónomo risueño.

 

En una despiadada noche. Elly, con su muñeca sujetada a su lado, agarró un cuchillo de sierra con un afilamiento proporcionado a su ira y, sigilosa como la sombra ignorada que siempre fue para la familia, rebanó el cuello de todos sus familiares mientras dormían, sin darles una oportunidad para ver el sol emerger. No importaba si eran abuelos, padres, tíos o primos; todos ellos tenían el mismo valor nulo para Nelly, de la misma forma en como ella siempre fue percibida como una molesta mosca a la cual ahuyentar.

 

Por último, ella fue a la habitación de su hermano pequeño; a diferencia de su pequeño pero claustrofóbico cuarto, el cuarto de Leo era inmenso y el pequeño niño dormía en una cama tamaño rey para él solo. El enorme tamaño de la casa era la razón por la que sería la primera vez de Elly en pisar dentro.

 

La niña despertó a su hermano y justo cuando el pequeño abrió sus azulados ojos. Elly descuartizó entre risas su brazo izquierdo para, acto seguido, introducirlo forzosamente dentro de su boca para que se lo tragara en su atascada garganta. “Si tanto te gustó comer el brazo de mi querida consentida como un perro rabioso, ¿por qué no mejor te comes el tuyo?” Elly dijo con desdén para que esas palabras fueran las últimas que el pequeño Leo escucharía antes de perecer asfixiado por su propio ensangrentado brazo; sus ojos sollozados del dolor y temor se tornaron en unos desganados tonos grisáceos. 

 

Se desconoce el paradero de Elly y su muñeca después del incidente silencioso. Hoy en día, se dice que todo aquel que entre a la abandonada casa de los millonarios Armando tiene la desafortunada suerte de salir de ahí incompleto o, en el peor de las suertes, convertirse en una caja de repuestos andante para “el muñeco de tamaño real” de una caprichosa fantasma.

Notas del Autor: Esta historia fue escrita por su servidor como un ejercicio de escritura con puño y letra para una sesión de terapia. Dicha historia fue transcrita y ajustada con mi estilo actual de escritura, complementando con detalles y cambios para hacer esta historia más completa.

Evidencias de la historia original:









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