Ira Ahogada

 

Ira Ahogada

Fecha: 29/07/2026

Escrito por: Ritchmore Regum


            ¿Alguna vez han estado en una situación en donde, sin importar el enojo acumulado que sienten por su estómago, no logran expulsarlo como quieren por algo que les frena?

Por desgracia, a mí me ocurre seguido. Siento que mi respiración se corta y, por consiguiente, mi nariz se tapa cada que mi familia entera abre sus bocas solo para decir maravillas de mi hermana mayor, como si ella fuera una heroína tras aguantar los abusos de su impulsivo y violento esposo.

Dicho esposo se me hizo bastante puñetón y patético; si yo hubiera estado en su lugar, le hubiera pegado con algún objeto contundente para dejarla en un peor estado que su accidente de tránsito.

¿Saben qué es lo peor? Mi mamá está consciente de cómo mi hermana mayor es una mierda de persona, pero, aun así, es como si ella se frenara cada vez que la maldita bruja está presente en una reunión familiar. Como si ella hubiera conjurado un embrujo para que todos voltearan a ella para que la veneren, la malvada bruja del este.

Por más que yo quiera poner de mi parte para estar tranquila y solo decir hola. La maldita se atreve a decir pestes sobre mi carrera de diseñadora gráfica y que, a diferencia de ella, que es doctora, ella no era una muerta de hambre. Todos esos insultos, yo respondía a golpes, porque no perdono a nadie que se meta con mi profesión, ni a mi hermana de sangre. Sin embargo, mi mamá siempre la defiende; me dice que le daba vergüenza el cómo me comportaba y que mejor me fuera a la “bóveda” de la casa de mi abuela para tranquilizarme.

Podía jurar que la morsa malvada podía atravesar mi corazón con un cuchillo afilado, sin siquiera provocarla, y mi mamá encontraría una excusa ridícula para echarme la culpa de todo.

Un día, en la casa espaciosa de paredes marrones de mi abuela, me atreví a salir de la bóveda de herramientas de mi abuela como si yo fuera “el prisionero de la cárcel de Platón”, solo para ir por algo de botana y refresco. Tenía guardado dentro de mi bolsa un martillo de carpintero; mi abuela fue amable en dejarme utilizar todo lo que hay en su bóveda, porque era mercancía no vendida de la ferretería de mi tío y siempre vi ese cuarto como mi lugar seguro para no tener que escuchar las mamadas de mi hermana mayor o del resto de mis familiares insufribles, pero eran más tolerables en comparación.

Justo cuando me iba a servir un vaso de refresco de cereza, la golfa me vio con sus ojos de depredadora y empezó a jactarse delante de todos con las siguientes palabras que recuerdo como quemaban mi alma:

"Me complace anunciar que muy pronto me voy a Alemania porque yo sí tuve éxito en mi carrera como enfermera. Pasé por muchas cosas, desde una madre que me abusaba verbal y físicamente hasta un cruel y despiadado esposo que me dejó moretones hasta en mis moretones. Pero todo eso se acabará pronto porque yo sé que soy una triunfante, una sobreviviente y me lo merezco.”

Alcancé a escuchar su susurro; no entendí claramente lo que dijo, pero percibí que era algo en contra mía. No podía soportar la forma en como todos mis familiares le aplaudían a la puta asquerosa de Valentina mientras veo a mi apenada madre asentir la cabeza como si ella tuviera la culpa de todo. Me detuve de servirme refresco en seco y arremetí contra mi hermana mayor; sentí como cada palabra cesaba lentamente con mi respiración:

“¡DE QUÉ CHINGADOS VERGAS NUESTRA MADRE TENÍA LA CULPA DE TU INFELICIDAD, EH! NO MÁS POR QUE TE CEPILLÓ EL CABELLO DE UNA FORMA MINUSCULAMENTE INCOMODA O QUE RECUERDAS QUE ELLA TE DECÍA DE INSULTOS QUE CLARAMENTE NUNCA TE DIJO. SABES CUÁL ES TU PROBLEMA: TÚ NO ERES UNA SOBREVIVIENTE, ERES UNA PARÁSITA VICTIMISTA QUE DISTORSIONA LOS EVENTOS SOLO PARA QUE SALGAS COMO LA POBRECITA Y ESCONDER EL HECHO DE QUE ERES UNA MIERDA DE PERSONA. A TI NO TE IMPORTA MEJORAR COMO PERSONA PORQUE, DE HACERLO, NO ESTARÍAS AHOGÁNDONOS A MÍ O A MI MADRE CON QUÉ… NO, TÚ TAMBIÉN ERES ESTO O TÚ LO OTRO. A MÍ QUÉ CHINGADOS, PUTAS MADRES, ME IMPORTA DE LO QUE TÚ PIENSES DE MÍ. TÚ ERES LA RESPONSABLE DE HACER NUESTRA FAMILIA UN INFIERNO, TÚ Y TUS SUCIAS MENTIRAS QUE SOLO PROVOCAN QUE TODOS LOS AQUÍ PRESENTES MIREN FEO A NUESTRA MADRE… *

Casi me quedo sin aliento y me derrumbo ante lágrimas con mi siguiente afirmación:

"¿Cómo es posible que no quieras a nuestro hermanito y lo dejaras ahogarse en la piscina de Caiman Locura, solo porque él necesitaba toda la atención de nuestra madre, hasta más que nosotras? Puta inmadura y niña malcriada que resultaste ser.”

A este punto, mi nariz la sentía inexistente; mi respiración era comparable al viento de azufre de un volcán; sentía como una mano invisible apretaba dentro de mi esófago para derramar unas lágrimas de dolor agonizante. La intensidad de mis palabras hizo que no percibiera el rostro de mis familiares o de mi madre; mi vista estaba centrada en la dragona de la discordia que tenía enfrente.

Entonces, mi hermana mayor, con su reacción apática de siempre, solo dijo:

“Sí, sí, ya te vimos muerta de hambre.”

Justo cuando ella creyó destruirme para continuar con la reunión familiar así sin más. Saqué frenéticamente el martillo que tenía guardado en mi bolsa y con mis sudorosas y temblorosas manos.

…

¡PUM!

Di un golpe certero en el hocico de la pendeja esa. Mi cuerpo no paró en martillar la cabeza de mi hermana mayor como si estuviera atornillando un clavo directo en un ataúd. Normalmente, mi hermano menor estaría de mi lado para pedirme cómo plegaría si nos vamos de aquí con sus tiernos ojos, pero él ya no está con vida para mirar con desaprobación a mi hermana mayor.

Desde ese día que perdí a mi querido hermano menor, con quien compartí mis horas de diversión con nuestros juguetes y videojuegos, todo por culpa de la apatía sangrona de mi hermana, quien, en vez de sacarlo fuera de esa evidente piscina onda que ella misma lo forzó a que se meta, simplemente negó con la cabeza al mismo tiempo que cruzaba los brazos, como si ella dio por hecho que él sabía nadar o como si ella negó su existencia. De nada sirvió que yo lo sacara a tiempo porque su nariz tiró una cascada fuera de su cuerpo mientras que su respiración … Se cortó.

Perdí la cuenta de cuántos martillazos le di. Aun así, sentí satisfacción al escuchar parte de su cráneo crujir, al mismo tiempo que ella pedía por piedad conforme su mandíbula se desprendió fuera de su rostro; su nariz quedó aplanada como gusano quemador y sus ojos salieron fuera de sus cuencas.

Nadie de mi familia hizo un intento para frenar mi ira destructiva. Lo último que recuerdo es ver a unos policías arrastrándome fuera de la casa. Era evidente que mi hermana mayor no sobrevivió ante mis martillazos y mejor que se quede muerta, no me importa a cuántas correccionales me lleven, hice lo correcto en salvar a Alemania de lidiar con alguien que podría ser peor que Hitler, liberé a mi familia de la anfibia tóxica que envenenaba el estanque… pero, sobre todo, logré vengar a mi hermano menor, quien merecía tener una mejor vida que terminar siendo ahogado por la indiferencia helada de mi hermana mayor.

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