El Torero (Null of Limbo Edition)

 

El Torero

Escrito por: Ritchmore Regum

Fecha: 06/07/2026

I

            Ocurrió hace años cuando estuve en mi mejor época como el mejor torero de Aguascalientes. No hay nada que encienda las llamas de mi corazón más que enfrentarme cara a cara ante los cuernos de la muerte. Con mi burlona carmesí engañé a varios toros; ilusos caen como si me fueran a dar hasta que se agotan y, una vez rendidos ante el suelo, sacaba mi estoque para empuñarla dentro de la frente del feroz animalejo. Era un enorme deleite escuchar sus bramidos de la desesperación mientras que iba insertando mi espada lentamente para sacarle toda su pulpa roja fuera de su cráneo hasta extinguir la luz de sus sollozantes ojos.

No había nadie que lo hiciera espectacular en la Feria Nacional de San Marcos y, con la paga que recibía, era más que suficiente para proveer a mi amada esposa y mi tierna chamaquilla Keila. Su preciado cabello rizado en trenza y su amarillenta pero hermosa sonrisa es lo que me motivó para continuar con esta profesión que tanto amo.

Una vez finalizado mi turno, tuve tiempo de contemplar al resto de los toreros que traían de otros estados, como de Ciudad de México, Tamaulipas, San Luis Potosí y entre otros. Si soy sincero, ninguno me llegaba a los talones, a excepción de un jalisciense cuyo desempeño se quedó a la mitad. Era un adulto flacucho como palo de quince años, quien utilizaba un capote de color azulado en lugar de un rojo tradicional. Se lo pude haber pasado si no fuera porque, después de corretear al enorme toro hasta arrebatarle la energía… ¡No dio la estocada final ni nada! Observé cómo el “sin agallas” acarició la cabeza de ese buey como si fuera un enorme sabueso para, acto seguido, dar una reverencia al público, y todos le aplaudieron. No entiendo por qué le aplauden a ese fanfarrón cuyo trabajo lo hizo a medias, en lugar de darle cariñito a esa bestia como si fuera mi hijo o hija, yo le hubiera clavado directo a su cabeza con mi estocada hasta que su cráneo ya no cruja más.

Iba a retirarme del estadio principal de la feria con un sabor amargo en mi garganta hasta que mi patrón me notó en uno de los asientos y me llamó la atención para platicar sobre cómo sería mi espectáculo en el último día de la feria. Solo me dijo que pasaba por mi casa en uno de esos automóviles que están de moda para personas acaudaladas como él para ir a un ganado cerca de Jalisco para presentarme una idea millonaria que terminó siendo mi maldita perdición.

Una vez que llegó el penúltimo día antes de finalizar el festival, mi patrón se estacionó frente a mi sencilla casa con paredes gruesas; mi patrón solía pasar por aquí para charlar sobre mi carrera mientras que mi esposa nos preparaba comida y mi hija bromeaba con su gordura o calvicie.

En esta ocasión, en vez de llevarme a otros estadios fuera de mi municipio natal, me trasladó hasta el ganado que me platicó ayer. Una vez estacionado el auto frente al lugar, nos bajamos mientras que el patrón recibe con un apretón de manos ese hediondo palo cobarde, quien no se atrevió a matar a ese toro. De haber sabido que lo iba a conocer, hubiera rechazado su oferta, pero ni modo, aquí ya estoy para escuchar la propuesta del don.

­—Bueno, mi gran amigo Alejandro, creo que estuviste aquella grandiosa noche en donde el talentoso Neil presentó ese enorme acto de vanguardia dentro de la escena de las corridas de toros —dijo el patrón con una sonrisa llena de entusiasmo.

—Tú debes ser Alejandro. Mucho gusto, mi nombre es Neil, también soy torero y es un enorme honor que hayan venido desde tan lejos solo para conocerme —comentó Neil, quien extendió su mano enfrente de Alejandro para un apretón de manos.

—Así que… Neil, ¿verdad? Debo reconocer que tu desempeño me impresiona, a pesar de tu cuerpo de varilla. Sin embargo, me quedaste a deber cuando te rehusaste a matar a ese animalote hediondo; ya era para que le clavaras un puñal o algo —yo respondí con indignación y rehusándome a apretar su mano.

—¿Se refiere a Clayton? Yo sería incapaz de lastimar a mi hermano de alma. Es más, me imagino que ustedes vinieron aquí para conocerlo… ¿Cierto? —preguntó Neil.

—Por supuesto, desde que vi tu acto me ha producido una enorme curiosidad por verlo más de cerca. Les aseguro, caballeros, que de esto podemos sacar algo de provecho —comentó el patrón con una notable alegría en su sonrisa.

Neil asintió con amabilidad mientras nos guiaba dentro de un establo chico: el lugar estaba construido con madera y vi muchos corrales vacíos, a excepción de un toro color negro con los cuernos más dorados que jamás he visto durante mis corridas… No cabe duda de que ese mendigo animal era Clayton y, como si el muchacho me leyera mal mi cara, contó un poco de su vida junto con el toro, creyendo que yo compartiría el mismo interés que tiene mi acaudalado jefe.

“Este es Clayton; él ha sido más que un toro para mí. Hemos sido amigos desde que éramos bebés; se puede decir que él era como mi hermano. Siempre nos tenemos el uno al otro y cuando yo estaba en problemas, él siempre abandonaba su corral con el fin de salvar mi vida. Una vez en el colegio, mis compañeros de clase me pateaban directo en mi panza hasta sacar sangre fuera de mi boca; de más está decir que huyeron despavoridos como gallinas justo el momento en que Clayton apareció y con su hocico acarició mi cuerpo para ver si estaba herido. Mis padres, que en paz descansen, notaron nuestro fuerte lazo de amistad, por lo que aprovecharon que nosotros hiciéramos diversos números ante la vista de los pueblerinos, ya saben, trucos de sabueso, pero realizados por un toro… Si bien me resistí a la idea al principio, al ver que a Clayton no le incomodaba, seguimos adelante y tuve la suficiente lana como para comprar este pequeño pero funcional establo.” Nos contó Neil, sin tomar en cuenta mi mirada repleta de incredulidad.

—¿A poco tú te duermes en uno de esos corrales? —pregunté al percibir la ausencia de cualquier cosa que pueda servir como casa.

—Sí, sé que ustedes duermen en cama, pero al priorizar primero en comprar este establo para mi hermano del alma… Me acostumbré mucho a dormir sobre esta pila de paja que nunca necesité comprar una casa para dormir en una cama.

—Es muy impresionante todo, señor Neil… Cuénteme, ¿en qué momento tú empezaste a practicar las corridas de toro junto con Clayton? —preguntó este panzón, quien se mostró dispuesto a seguirle la corriente en su juego delirante.

—Simplemente un día estábamos aburridos y, cuando agarré una tela azul tirada en la calle, le dije a Clayton que, si jugábamos a que yo era el torero y él fuera el toro, nos pusimos a practicar de juego toda la tarde hasta que nos agotamos y le dije a Clayton que esto era más divertido que hacer simples trucos de perro y una cosa llevó a la otra y me alegró mucho que a la gente le guste nuestro acto, aunque difiera de una tradicional corrida de toros —contó Neil como si fuera su más preciado recuerdo.

—¿Que si difiere? Escúchame, muchachito, si quieres entrarle a esto de las corridas de toros, las tienes que hacer con todo y huevos. A mí me vale si ese buey es tu amante, novio o lo que sea, si tú lo vas a torear. También lo tienes que matar. ¿¡Entendiste?! —respondí con mi enojo más largo que el cuello de un gallo.

—Entiendo que usted es un torero más tradicionalista, pero yo ya dije que no quiero matar a mi amigo del alma. Clayton y yo somos uno mismo; si algo le fuera a pasar a él, me haría un daño enorme, como si él fuera mi guía animal y yo el nahual. —Neil respondió como si le hubiera tocado una fibra sensible.

El panzón de mi jefe intervino en la discusión cuando notó que mi frente estaba más roja que el jitomate. Solamente apoyó a Neil sobre su decisión de no matar al mendigo toro y que, para finalizar la feria, él quería que yo toreara al Clayton, pero sin matarlo, para poder dar paso a una nueva era marica de las corridas de toro. En vez de darles una estocada al final como debe de ser, ahora les tenemos que dar besos de lengüita… Qué maldito asco. 

Mi patrón agradeció por la estadía, nos despedimos de mano, y cuando salimos de ese oloroso establo. Mi jefe me miró con esos ojos que intimidarían hasta al más macizo del pueblo y me advirtió lo siguiente:

“Óyeme bien, cabrón, yo sé que tú estás muy arraigado en eso de matar toros, vacas, bueyes o demás chingaderas con patas. Pero si tú pones de tu parte en no matar al torito, te vas a ganar un buen billullo para tu querida familia. Es más, esta nueva era va a atraer a más público y, por ende, las corridas de toros no van a ser ya mal vistas y así no se rompe uno la cabeza en donde conseguir más toros fornidos y bravos; bien, hasta tu esposa e hija podrán ir a verte al fin sin que se avergüencen de lo que haces y no te hagas pendejo, que recuerdo bien esas discusiones en donde tu Juana ya te ha dicho que odia que mates animalitos solo por orgullo. Ahora bien, no sé si lo sabías, pero tú no eres dueño de la tradición; la tauromaquia es algo que se les ocurrió primero a los españoles como yo, no a indígenas como tú. Sí me estás entendiendo, ¿verdad?”

Tuve que resignar mi enojo para asentir con la cabeza. Ahora sí que el calvo me tenía bien agarrado de mis huevos.

“Conste, podré parecer un español riquillo, pero yo también he aprendido los modismos que ustedes se inventaron luego de que ya dejaron de ser Nueva España hace un chingo. En verdad te tengo mucha confianza, en torear no hay nadie quien te iguale, por lo que no voy a mandar a alguien para que te inspeccione tu chalequillo. No la vayas a cagar, cabrón, porque, si lo haces, yo puedo destruir tu carrera en un chasquido. Sí me vas comprendiendo, ¿cierto?”

Volví a asentir con la cabeza. Mientras que mi jefe me hacía la señal para que entráramos dentro de su vehículo sin caballos, solo pude pensar en mi cabeza que, por el bien de este bello deporte, voy a tener que matar a ese condenado Clayton.

II

El último día del festival llegó; me encontraba sentado enfrente del estadio al lado del amable José Manuel, quien era el patrón del gruñón de Alejandro. Estaba completamente nervioso porque, esta vez, no era yo quien toreaba a Clayton, sino un desconocido; solo espero que mi hermano del alma ponga de su parte.

José Manuel notó mi nerviosismo y me tranquilizó con la atrayente idea de ganar dinero luego de este encuentro, pero solamente me importaba que Clayton estuviera bien. A mi lado, noté cómo en la siguiente columna de asientos marmoleados de rojo se encontraba sentada una hermosa mujer de cabello negro largo con adornos de flores, junto con una niña con trenzas encima de su cabello oscuro; ambas tenían la piel morena igualita a la mía. Asumo que han de ser familiares de Alejandro porque comparten la misma piel, pero me estaría precipitando.

Una vez que empezó la corrida, observé con alivio que Clayton ponía de su parte en no herir de gravedad a Clayton mientras se correteaban entre ambos, como si estuviera viendo un reflejo de mis recuerdos felices que compartimos. Sabía que entre Clayton y yo teníamos una conexión esotéricamente especial porque podía sentir desde mi asiento cómo cada bramido que Clayton soltaba durante la corrida era como su forma de consolar la angustia de mi alma.

Entonces… Llegó ese momento. Clayton se acostó con esa misma confianza que me tenía cuando jugábamos a los toreros; lo único que tenía que hacer Alejandro era acariciar la cabeza de mi preciado toro y nada más… Nada más… Nada más.

…

…

¿POR QUÉ CHINGADOS TENÍA QUE SACAR ESA MALDITA DAGA Y LA ENCAJÓ SIN MUESTRA DE PIEDAD AL CRÁNEO DE MI POBRE HERMANO?

Podía sentir cómo esa sucia daga empalaba mi frente a la par de los bramidos de dolor y sufrimiento que Clayton hizo para implorar piedad, pero… Ese maldito animal solamente se reirá mientras gira el mango de la daga para perforar aún más su cráneo mientras chorros de sangre salen fuera de su frente. Solo alcancé a escuchar a José Manuel gritando insultos cortantes al estadio, mientras que la audiencia realizó sonidos desconsolados, llegando al llanto.

Yo solo pude sentir cómo mi alma se incendiaba; me dolió fuerte el corazón, como si ese malnacido me hubiera clavado también. Lo único que pude escuchar de él fue lo siguiente:

“¡MUERTE A LA NUEVA ERA DE LAS CORRIDAS, LARGA VIDA A LA TRADICIÓN!”

Fue ahí en donde una ira asesina se apoderó de mi cuerpo y, sin siquiera estar consciente, salté sobre el escenario y corrí como un endemoniado nahual para introducir mi uña directo a su ojo. Logré que ese desalmado idiota sangrara de ese burlón ojo, para que recuerde que él también siente dolor. El inhumano me intentó clavar su daga, pero esos años de tormento escolar no fueron en vano; mordí fuerte directo en su mano para que soltara esa maldita daga y mi lengua sintió su sangre fluir sobre mis papilas gustativas. Su sabor era hediondo, tal y como llamó a mi Clayton cuando lo vio por primera vez.

Unos guardias que contemplaron mi ataque nos separaron tarde, pero logré zafarme de sus agarres solo para abrazar la cabeza inerte de mi querido hermano y llorar a su lado; sus preciosos cuernos dorados fueron reducidos a unos apagados grises. Gritaba fuerte su nombre para que la ahora poca audiencia restante, congelada del miedo, no olvidaran quién fue este toro y… También, para poder recuperar parte de mi alma muerta.

¡CLAYTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON!

IV

Fue un enorme y desgastante recorrido, sentí que tomó muchos años de mi vida. Mis piernas temblaban del cansancio, pero todo se me será recompensado, si mato al traidor de mi patrón y de paso a las ingratas de mi familia. Las corridas de toros eran mi vida y me lo quitan solamente porque hice bien en matar a un repugnante toro. Ese cabrón salvaje de Neil me dejó tuerto y aun así se supone que el que está mal soy yo… No lo creo.

Cada paso que doy truena más fuerte que los relámpagos, no hay nada en esta vida que pueda ganar, pero tampoco perder. Sin embargo, cuando mis pasos cesaron, porque aterrizaron en mi lugar de destino … ¿Me habré confundido? No noto la casa de ese panzón infeliz o el establo de ese amante del toro, solo vi el suelo como si ambos desgraciados lugares fueron reducidos a cenizas. Mi mente me estaba atormentando con más confusión que ira, hasta darme la media vuelta y ahí fui cuando lo vi.

Ese desgraciado de Neil estaba vivo todo este tiempo, y tuvo tiempo para comprarse esa chaquetilla de carbón lustroso. ¡Ese maldito lucró con mi sufrimiento! Intenté embestirlo, pero en un parpadeo se apartó y reapareció en otro lugar, con esa misma sonrisa burlona como si me hubiera domado mi voluntad. Mi ira vengativa persistió; mucha espuma espesa salió fuera de mi boca. Entre más lo embestía, más reaparecía lejos de mi distancia mientras se iba riendo.

Lo perseguí durante toda la noche hasta alcanzar una pradera despejada; ahí fue donde mi cuerpo se rindió, mi voluntad no podía reactivar mi energía, caí retumbante al suelo… Solo vi a Neil, desenfundando su estuche, un estoque de una hoja que jamás había visto. No sabía si él era un espíritu vengativo para darme una lección, pero intenté persuadirlo:

—¡Está bien, lo entiendo, yo maté a tu mejor amigo y ahora quieres vengarte mí! Ya me hiciste sentir dentro de la piel de lo que antes me jactaba por matar. ¿Crees que, dentro de ti, me puedas perdonar?

Neil frunció la ceja como si estuviera confundido; después de unos eternos segundos, se rio histéricamente, como si le hubiera contado un chiste. Entonces, solo me respondió lo siguiente:

—Vaya, vaya, al final me costó mucho trabajo acostumbrarme a esta forma de hablar más formal, solo con el objetivo de atormentarte, y vaya que sí que me hiciste reír. En serio, ¿creíste que yo era un espíritu que te iba a castigar para enseñarte el valor de la vida? No sé si lo has notado por mi estoque o por mi armadura, pero… ¡YO NO SOY NEIL!

Entonces, Neil… No… No sé quién era este sujeto, pero noté cómo su piel se aclaró a una pálida como la luna. El sujeto extraño suspiró y me respondió mientras me sujetó desde mi cuero cabelludo con una enorme fuerza:

—Espera, ¿entonces quién eres? —pregunté con mi voz denigrada por el temblor.

—Conoces la historia de Gilgamesh. Es un gran guerrero que combatió contra Bull of Heaven; aspiro a ser como él algún día. Ahora escúchame, niño. Yo soy un ente que ha existido más tiempo que tus deidades prehispánicas, que solo son recordadas a futuro como mascotas de meditación y fitness. Soy un ente xenoversal, el cual puede destruir tu línea de tiempo y muchas de sus variaciones más allá de mi visión de diez dimensiones en cuestión de microsegundos, pero decidí mejor matar a tus ex seres queridos y, posteriormente, atormentarte porque hoy tenía ganas de ser un villano slasher lunático… No te voy a mentir, mi papel salió enigmáticamente bien logrado, pero ahora que me divertí.

El ente empuñó su estoque y perforó lentamente mi propia frente hasta sentir mi cráneo crujir.  

—¡VAS A RECORDARME COMO NULL OF LIMBO, UNA VEZ QUE LLEGUES A LA HABITACIÓN DEL DÍA DEL JUICIO FINAL, TLACUACHE RABIOSO!

En un instante, como si el destino me diera otra oportunidad, escuché un bramido que abrazó mi alma, pero que terminó por angustiar a ese tal Null of Limbo, quien no hacía otra cosa más que arrojar quejidos ante los bramidos celestiales persistentes.

—¡NO, MALDITO PUTO TORO DE MIERDA, NO ME VAS A DESTERRAR DE ESTE UNIVERSO, NO ASÍ, ESTE ES MI MALDITO PATIO DE JUEGOS, TÚ LLEGASTE TARDE PARA SALVAR AL RESTO DE LAS VIDAS QUE YO GUSTOSAMENTE HE ARREBATADO, Y NO SOLAMENTE FUE UNA ASQUEROSA INDÍGENA, UNA NIÑA CON PÉSIMA HIGIENE Y UN SEÑOR BARRIGA ESPAÑOL; MATÉ A MILES Y HASTA LOBOTOMICÉ A ALGUNOS PARA QUE FUERAN MIS FIELES SOLDADITOS PARA JUGAR A LA CONQUISTA MUNDIAL. ¿TÚ QUÉ VAS A HACER AL RESPECTO, PENDEJO TORO DE LUZ AGONIZANTE? SABES BIEN QUE NO PUEDES MATARME PORQUE SI NO SE JODE TODO, TE CHINGÉ. ¿ME QUIERES DEJAR EN PAZ YA? Y TÚ, TORERO FRACASADO, VAS A PUDRIRTE EN ESTE PLANO EXISTENCIAL POR TODA LA ETERNIDAD HASTA QUE YO QUIERA! —Procede a desaparecer.

Desde ese día no he vuelto a saber nada de Null of Limbo o de dónde vinieron esos bramidos que me salvaron la vida, aunque yo no me sienta merecedor de recibir una segunda oportunidad. Aun así, no importa que pasen décadas, siglos o hasta milenios en donde las personas solamente me vean como un vagabundo sin ningún legado digno de recordar; haré todo lo que pueda para poder intentar contar mi testimonio, lo mejor que mi memoria pueda recordar con lujo de detalle, incluido describir mis reacciones emocionales. Procuré escribir esto en unas hojas, en caso que mi memoria solo lo recuerde como una sombra fugaz, para recitar esto frente al resto de las personas y si me creen o no… Ya cumplí con mi parte para advertirles a todos, incluido a ti, sobre la existencia de Null of Limbo, un ente inmaduro e inestable quien se atreve a ser peor que el diablo, y espero no ser la única persona en este vasto universo que fue desafortunado en conocerlo.

…

Extraño el siglo XIX.

: 3

Tenía bien entendido que la tauromaquia ya fue ilegalizada en algunas regiones de México, pero no en Aguascalientes; aquí todavía se vería como tradición… O bueno, lo era.

Todavía resiento ese día en el que Alejandro traicionó mi confianza al matar a ese toro. Toda la fortuna que pudimos haber ganado, él lo ha hecho todo a perder por su pendejo orgullo. Ya le dije a ese gilipollas que él no es inventor de la tauromaquia y, sin España, el indulgente estaría en su casa de paja rascándose los huevos, en vez de seguir chupándole las botas a una tradición que ni se originó de aquí.

No tiene sentido recordar ese evento con un rencor intoxicante; después de años que ocurrió, no he vuelto a saber nada de Neil. Según las malas lenguas, dice que murió en tristeza absoluta dentro de su establo por perder a Clayton, pero cuando me mudé ahí, no conseguí ver su cadáver.

De todas formas, construí una casa de lujo de dos pisos, pero no era para un capricho mío, tenía que enmendar mi pendejada por confiar en que mi lucrativa idea iba a funcionar, tuve que traerme a Juana y a Keila para que vivieran conmigo, porque Alejandro se nos puso loco luego de la prohibición de la tauromaquia aquí en Aguascalientes.

Lo que más me alegró fue que Juana y Keila pudieron acostumbrarse en vivir en Jalisco. Los costes de la comida, agua y la educación de Keila no era algo que mi riqueza no pudiera comprar.

Sin embargo, Juana y yo aún no nos hemos casado, pero noté que ella se estaba arrimando a mí. No solo dormimos juntos en una misma cama del algodón más cómodo y libre de parásitos chupasangre, sino que me ha dicho que jamás se había sentido feliz y segura desde que se alejó de Aguascalientes.

Si soy sincero, ni con toda la riqueza del mundo me podrá traer la misma felicidad que ver su sonrisa. Lo más tierno es que Keila ya hasta me dice “Papi” en lugar de “Panza que habla”. Realmente he cumplido bien mi cometido en estar presente para ella. Y qué gran forma, sí, puse mi emprendimiento de útiles escolares de última generación cerca de su escuela; es una mejor idea de negocios que manejar toreadores, si me soy honesto.

Estaba más que convencido de que hoy iba a ser el mejor día para todos. Logré comprar un anillo de la esmeralda más preciosa que esta región podría conseguir para sorprenderla con mi propuesta luego de cenar juntos pozole rojo como un bello cierre para esta encantadora noche.

Sin embargo, al regresar, noté que la puerta de mi casa estaba abierta. Me puse nervioso en segundos, pero tenía que entrar para ver si mi amada y mi chamaquilla estaban bien.

Cuando subí a las escaleras hasta entrar lentamente al dormitorio… ¡No podía creer lo que estaba contemplando!

…

¿En verdad era Neil? … No lo creo, esa cosa que está usando, un enorme estoque de hoja negra para introducir directamente desde la vagina de Juana mientras ella se ahogaba con su propia sangre… No parecía Neil, más parecía como un sujeto más pálido que una estrella enana, con un peinado negro que jamás había visto por aquí y, como si fuera una retorcida burla a mi antiguo ser, está utilizando una armadura de oro negro semejante a la chaquetilla y taleguilla de un torero. El ser giró su cabeza para voltearme en un ángulo en donde debería morir, pero ahí seguía latiendo con esos ojos ausentes de luz que perforan mi espíritu y dijo:

 —Buenas buenas, noches noches … Don Pepe y sus globos, onda vital y a todo gas. Jajaja, jajaj, jajA. Procede a besuquearse con el cadáver de Juana mientras bebe su sangre de una forma repugnante para el disgusto de José Manuel. Acto seguido, procede a recorrer la sangre a sus mejillas como si figurara una sonrisa. Me estoy divirtiendo mucho tirándome con tu mujer… AH, SÍ, YA ME ACORDÉ, no era la tuya, sino de ese indígena peruano… que diga Mexican Spanish: CHINA BUILD THE WALL… ¿Qué te pasa? Demasiadas referencias futuras para el obsoleto siglo XIX… ¿Qué acaso don Gato te mordió tu lengua, hmmm? ¿O vamos, no pongas esa cara, amiguis…? Ah, sí, cierto, se me olvidó que debo entrar en personaje. Una disculpita. Esta vez lo voy a intentar de nuevo y lo voy a hacer bien, esta vez voy a ajustar mi vocabulario, lo más formal para esta época del siglo XIX y sin describir mis acciones entre asteriscos de roleo, ¿va?

…

…

¿En verdad era Neil? … No lo creo, esa cosa que está usando, un enorme estoque de hoja negra para introducir directamente desde la vagina de Juana mientras ella se ahogaba con su propia sangre… No parecía Neil, más parecía como un sujeto más pálido que una estrella enana, con un peinado negro que jamás había visto por aquí y, como si fuera una retorcida burla a mi antiguo ser, está utilizando una armadura de oro negro semejante a la chaquetilla y montera de un torero. El ser giró su cabeza para voltearme en un ángulo en donde debería morir, pero ahí seguía, latiendo con esos ojos ausentes de luz que perforan mi espíritu y dijo:

—Soy el espíritu que ha visto el presente, pasado y futuro. Deine Tochter wollte, dass du ihre neue Identität siehst.

Esas palabras me desorientaron, pero en un parpadeo, estaba dentro del viejo establo que dejé abandonado; di unos pasos adelante a un corral cercano y...

Vi una amorfa criatura cuyo cuerpo para abajo era como si el embrión de un toro bebé hubiera crecido a la etapa de la adultez, pero se hubiera olvidado de desarrollar un pelaje o una estructura ósea sólida. Pero de la cabeza... No podía creerlo, era Keila, mi chamaquilla. ¿En verdad ese ser la terminó reduciendo a la mofa natural de un toro? No logré ver su bello rostro, jadeando por respirar, sin que yo expulsé todas mis entrañas fuera de mi cuerpo en un vómito como si fuera…

¡EN SENTIDO LITERAL!

…

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