¿Te Acuerdas de…?
¿Te Acuerdas de…?
Fecha: 21/06/2026
Escrito por: Ritchmore Regum
Dentro de un enorme restaurante donde
venden comida rápida y licores, se encontraban un grupo de viejos amigos de la
secundaria y preparatoria; entre ellos platicaban recuerdos felices de aquella
época: viejos partidos de futbol, el desmadre y relajo que hicieron por todo el
salón que enojaban a los maestros, las bromas e insinuaciones sexuales que se
hacían sin importar si era entre hombres y mujeres, entre otros recuerdos.
Pero lo que más charlaron en aquella reunión nocturna en el
ruidoso pero agradable local de comida era cuando enfadaban a un compañero de
su salón cuyo nombre era Ramón Ornaldo; un obeso cachetón de pelo negro con
púas, quien tenía mal temperamento; se enojaba y lloraba por cualquier cosa y era
divertido de provocarlo según el grupo.
“Yo me acuerdo que cuando él intentaba decirle a la perra
maestra que le dolía su cabeza hedionda, me puse a hacer sonidos de pedo cada
que intentaba abrir la boca y la perra solamente se fue del salón, seguramente
a llorar.”
Dijo Tony Tonic, quien coloquialmente era conocido como el gran
norteño idiota porque, sin importar si eras su amigo del alma, él era capaz de
entregarte al grupo narco más peligroso con el fin de saldar una de sus
interminables deudas causadas por su vicio con el pisto. Todos a su alrededor
rieron al unísono, algunos exhibían un poco de incomodidad en su risa.
“También cuando el Shrek quería hacer un marica intento de
confrontarme en recreo cada que yo le hacía ¡shh!, cada que el pobre bastardo
intentaba participar en las clases de mi prepa. Yo sacaba mi celular para
grabar su reacción como la perra llorona y gay que era y lo mejor de todo es
que me excusaba con la dirección, que nada más lo quería grabar para enseñarle
a los de la dirección sin que el muy autista puto pudiera hacer algo para
detenerme. Si no fuera porque la directora era muy zorra conmigo, ya lo tendría
chupando mi pija como la buena perra que era y esa grabación pudo romper el
internet si lo hubiera subido.” Agregó Juan Camacho Garza también apodado como
el Don Juan. Actualmente se desconoce su paradero.
“Yo me acuerdo en la secundaria que estábamos haciendo un buen
desmadre, platicando de nuestros asuntos a todo pulmón y arrojándonos cosas en
pleno examen sin que la maestra pudiera hacer algo hasta que el Ramóncito no
aguantó nuestro estilo neutrón y se desmayó como si estuviera haciendo el
manequin challenge. A nosotros no nos importo si el ya se petateó de tanto
ruido que escuchaba, nosotros queríamos ver las respuestas de su examen por que
era el más listo del salón. Ahora que lo pienso si estuvo regacho, yo se que
odiaba el reggueton y adoraba el metal como si fuera un espanta viejas, pero
tampoco creo …” Elizabeth Costeña, ahora dueña de unas sucursales de la marca
Gucci, fue inmediatamente interrumpida por un compañero suyo de la secundaria
Diego Velazques, miembro polémico de la comunidad LGBT y Drag Queen.
“Ash tampoco te pases, amiguis, la mayoría de las veces él se
enojaba por nada y no niegues que sí era divertido provocarlo y hacerlo llorar
… A mí solamente me excitaba; cómo me gustaba toquetearle el pecho y su pancita
toda bonita, me gustaba abrazarlo fuerte sin dejarlo respirar y ohhhhh …
También me gustaba cómo me pegaba para que lo dejara en paz, como si fuera mi
presa escapando de mis encantos, y yo reaccionaba con gemidos y le incitaba
para que le siguiera … Se asqueaba por completo, pero yo en verdad lo amaba
mucho a mi Ramóncito. Ya saben lo que dicen: Entre broma y broma, la verga se asoma.
“
Es de sobra decir que todos los presentes en la reunión quedaban
asqueados por los comentarios explícitos de Diego. Incluso el señor don Juan
pensó: <<Puita madre, ya hiciste ver al Shrek más hombre>>.
“Quisiera concordar con Elizabeth. Desde la última vez que vi a
Ramón en clase fue cuando estábamos en un examen de química; como él estaba
delante de mí, yo quería seguirle molestando, desde cantarle hasta mandarle
besos … Pero el punto de quiebre llegó cuando puse mis pies sobre la rejilla de
su mesabanco y él me pidió amablemente que le hiciera el favor de quitar mis
pies de ahí … Yo le respondí que, si me puede hacer el favor de cerrar el
hocico, ese fue mi mayor error. Posteriormente, le vi con mi cara de triunfante
mamón hasta que él mismo decidió borrar mi sonriente cara al sostener su
colorera y me pegó directamente en la oreja múltiples veces gritando ¡muere!
Después de eso, me levanté de mi asiento, con mi oreja izquierda ensangrentada,
para ir a la dirección y reportar a Ramón qué él fue quien me atacó sin motivo.
Ya saben, él era como nuestro chivito; cualquier pendejada o mamada que
hiciéramos solo necesitábamos hacer enojar y reportarlo cómo el malo y nosotros
no … Quería hacer eso, pero en el momento … En el momento que vi a Ramón entrar
a la dirección, con sus brazos cubriendo su débil y jadeante rostro … Es ahí
donde me percaté; realmente valía la pena destruir a alguien a quien le he
demostrado mi solidaridad al cargar su mochila cuando le operaron de su
apéndice … Valía la pena aniquilar a aquel que de las pocas veces que jugó al
futbol con nosotros hizo de buen portero … Lo único que me resigné en decirle
al director fue que me golpeé bien recio en una estantería y quería irme a
casa.” Finalizó Zaleta Flores quien entre lágrimas arrepentidas; recibió
consolación de su esposa Elizabeth.
—¡Ay miren!, está llorando por la perrita. Ridículo inmaduro, si
ustedes ya van a transformar esta reunión desmadrosa en una lloradera, mejor me
hubiera ido al antro de siempre a por morritas chidas, ¿Verdad mi Tony? —Exclamó
don Juan con vacilación.
—Simón, wey. Mejor vamos a por pisto y a culear putas. —Asintió Tony.
Juan Camacho y el Norteño Idiota se levantaron de sus asientos
sin tener la decencia de pagar su parte de la cuenta, pero para Elizabeth y
Zaleta no fue problema, tienen suficiente dinero para pagar la cuenta completa
y no volver a invitarlos.
—Bueno, yo también me voy mis nenes, si me disculpan debo de
prepararme para leer unos cuentos a unos niños de prescolar mañana y voy a ver
si logro intimar con un precioso retoño. —Diego Velazques se despidió de ellos
guiñándole un ojo. Era evidente que, aparte de no invitarlo, tendrán que hacer
una denuncia tanto por el bien de los niños cómo por su propio bien.
Un profundo silencio recorrió por toda la mesa circular rojiza;
Elizabeth y Zaleta aún estaban sentados en el enorme sillón con almohadas
escarlata. En el momento en que Elizabeth iba a pedir la cuenta … Zaleta
confesó una anécdota de alivio.
“¿Sabías que Ramón ahora tiene su propio consultorio como
psicólogo? … Lo sé porqué acudí a sus servicios porque me sentía vacío, no me
contrataban en ningún lado y no quería sentirme como un enorme parásito a tu
lado, mi amor… Justo cuando entré a su consultorio para platicarle de mis
problemas; él me reconoció y me habló como si nosotros hubiéramos sido cuates
sin ningún pleito que recordar. De más está decir que él fue empático con mi
situación, supo escucharme y me propuso alternativas sin hacerme sentir como si
fuera su marioneta … Fue tan amable conmigo que casi al finalizar la sesión le
respondí con frustración … ¡¿Enserio no me odias por todo lo que te hice pasar?!
Él solamente me respondió como si en verdad me quisiera quitar una culpa
encima, me dijo algo así como;
Si bien reconozco que también fui un imbécil en mis tiempos de secundaria … Sí
sentía desprecio y rencor con quien se haya burlado y humillado mi dolor y
sufrimiento, cómo tu y los demás lo hicieron. Sin embargo, fui miles de veces
con una psicóloga, fue un procesó difícil para mi y sentía que no estaba
progresando con nada, solamente me estaba desquitando groseramente con mi
psicóloga … aun así ella fue paciente conmigo y por más veces que me volvía a
tropezar con la misma roca, ella me recordaba los mismos caminos a seguir una y
otra vez hasta que me percaté de que, estaba en mi decisión en seguir adelante
y valorar lo que tengo o estancar mi mente en el sufrimiento. Si yo hubiera
escogido lo segundo no estaría aquí para guiarte, Zaleta … En ese sentido te
perdono y yo espero que tú también te perdones.”
—¿Y sí te perdonaste? -Preguntó Elizabeth a su esposo.
—Claro, como te comenté, esas palabras las dijo como si en verdad purificaran
mi angustiada y arrepentida alma. Solo espero ya no seguir siendo un imbécil
como era antes.
—Tu nunca has sido un imbécil o un parasito para mi, cariño. Tu eres el mismo
Zaleta quien me alegró y me hiciste sentir mejor cuando nos casamos … Si tienes
problemas buscando un trabajo, puedo ver si hay una vacante disponible para un
local de Gucci, si tu quieres, claro.
—¿No crees que sería mucha molestia? No quisiera que te sacrifiques mucho solo
por mí.
—No es molestia, cariño. Tu sabes que nos tenemos el uno para el otro … lo
sabes ¿Cierto?
—Sí supongo que sí … Te amo mucho, Eli.
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