(Secuela Bootleg) Ya he visto esos elefantes blancos
Ya he visto esos elefantes blancos
Secuela no oficial escrita por Ritchmore Regum
Cuento Original “Colinas como Elefantes Blancos”
escrito por Ernest Hemingway
Fecha: 31/05/2026
Desde el momento en el que la vi entrar en ese tren. Sentí que mi cuerpo se movió automáticamente pero no conseguí pisar la entrada y un luminoso resplandor blanco me envolvió sobre todo mi ser.
Sin embargo, mi
determinación por querer alcanzarla y sostenerla sobre mis gentiles brazos como
si fuera mi más preciado recuerdo es lo que me hizo adentrarme en los vagones
más espaciosos del tren.
Estaba parado al
final del vagón. Los asientos acolchonados del azul más tenue se encontraban
vacíos, como si no hubiera una sola alma presente. En el centro del vagón vi
una cuna de madera … miré dentro … no había nada más que un pequeño colchón
blanco y dos pequeñas almohadas encima.
Mi cabeza giró
directo a las cristalinas ventanas. Ya he visto esos elefantes blancos, en vida
quizás no, pero ahora puedo ver como esas colinas alargadas blancas se movían
como si fueran elefantes.
Noté como una colina
delgada y refinada se movía lejos de la colina robusta al lado de la montaña
más pequeña que he visto, es como si fuera un niño. Una vez que la montaña delgada
desapareció de mis observantes ojos sobre la ventana que me sirvieron como
binoculares, me pareció que el collado robusto se movía adelante a mi ubicación
… se acercaba más … y más … la sensación de culpa y temor me estaba presionando
en mi pecho, ese collado me hizo sentir como si ya estaba aplastándome, pero
todavía estaba fuera del tren. Aun así, la colina continúo desplazándose
directo hacia mí, aunque ya estaba cerca de la ventana, como si fuera un
elefante apunto de embestirme.
Tiré la cuna al
suelo para poder correr y pasar al siguiente vagón con esperanza de verla y
querer hacerla mía y solo mía. En este vagón vi unas personas con traje negro
de negocios con corbata roja sentados sobre sus asientos negros acolchonados
con bordado dorado. Me percate de que sus temblorosos cuerpos tienen pieles
grisáceas y no disponían de rasgos faciales o cabello dignos de recordarlos.
Frente a mí estaba
mi dulce amada con todos los detalles que recuerdo sobre ella. Quizás en mi
memoria no tenía la piel grisácea, pero si tenía una hermosa cara … pero no me
importó, sin labios me era más fácil agarrar sus dos suaves y delicadas manos
para realizar un espléndido y sincronizado baile de Vals.
A Cada paso que
realizaba, ella me seguía; cada que la quería hacer girar dentro de su propio
eje, ella se dejaba ir por la dirección de mi brazo. El resto de las
temblorosas personas aplaudían tímidamente a mi placentero momento y me hubiera
gustado seguir así. No obstante, al mirar a la ventana … Ya he visto esos
elefantes blancos, ambas colinas estaban partidas a la mitad, pero se
encontraban mirando la una con la otra, en medio de las colinas vi un puente de
madera conectando ambas colinas.
No sé si sea mi
percepción alterada por la bebida, pero observé claramente la forma de dos
gaviotas en una distancia que me resultaría imposible distinguir. Era como si
la gaviota estuviera persiguiendo a la otra hasta alcanzar la segunda colina
partida hasta que un peldaño del puente se destrozó e hizo que la gaviota
cayera.
Ese mismo instante
me hundí sobre lo más profundo del suelo del vagón, como si una fuerza me impidiera
seguir con mi mayor fantasía vuelta realidad. Sólo resonaba dentro de mi mente
su bella voz taladrando lo más hondo de mi memoria con una frase repetitiva que
intenté en sofocarla dentro de mi subconsciente, pero más y más ganaba fuerza
sobre mi “¡Entonces cállate! Por favor, por favor, por favor …”
No sé cuántas veces
he escuchado esa angustiante y demoledora frase, es como si fuera un detalle
imperfecto e insignificante en lo que fue mi último recuerdo de ella ansiando
en esparcirse sobre todo mi pulido canvas de mi mente hasta que seso y
solamente escuché … silencio
….
Silencio
…
…
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